Los propietarios en segunda generación de Freixenet, con el poder concentrado desde hace medio siglo, traspasan sus puestos en el Consejo a sus hijos, que llevaban ya el peso de la gestión y ahora asumirán también con su voto las decisiones. La reorganización de la cúpula se produce veinte años después de que entraran en la empresa los hijos mayores de cada hermano, José Lluís Bonet, presidente desde 1999, Pedro Ferrer, consejero delegado y Enrique Hevia, vicepresidente. A partir del 1 de enero pasado, la tercera generación al completo (seis mujeres y seis varones) ocupa el Consejo, aunque sólo los seis varones lo hacen con funciones directivas.
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