Informe D/A Retail
Informe D/A Retail. Seguridad, Ciberseguridad y Fraude en Retail
La seguridad en tienda, protagonista en la pandemia
La crisis sanitaria desatada por la pandemia de coronavirus a comienzos de 2020 – todavía presente en multitud de países- marcó entre los retailers la necesidad de convertir los establecimientos en espacios seguros, con el fin de minimizar posibles contagios entre empleados y clientes. Abrieron el camino aquellos considerados servicios esenciales, como supermercados, farmacias y quioscos, a los que siguieron el resto de distribuidores, una vez finalizado el confinamiento del primer trimestre.
La incorporación de gel hidroalcohólico en la entrada, el uso de guantes en las secciones de autoservicio o señales horizontales en el suelo que recuerdan la necesidad de mantener la distancia se han convertido en algunos de los elementos ya habituales en el retail físico. Y tecnologías como los sistemas de control de aforo, los códigos QR o los métodos de pago contactless ya son del todo conocidos por distribuidores, empleados y clientes.
(Ver Informe D/A Retail Tecnologías para el punto de venta)
En un 2020 atípico, ante una crisis sanitaria que priorizó la seguridad sanitaria en el establecimiento, también ha resultado distinto el nivel de hurtos producidos en este último. Según datos de la Unión Española de Entidades Aseguradoras y Reaseguradoras (UNESPA). la casi total paralización de la actividad económica entre marzo y junio ocasionó un descenso en los robos producidos en los comercios asegurados.
[contenido_premium]
Así, del total de 18.500 hurtos que se registraron en los retailers asegurados por la entidades de UNESPA en 2020, un 8,32% se produjeron en marzo, un 4,43% en abril, un 5,06% en mayo y un 7,12% en junio. Los meses que concentraron el grueso de los hurtos fueron enero, febrero y octubre, con un 12,15%. un 10,83% y un 9,78%, respectivamente. Por días de la semana, el lunes registró el mayor número de incidencias mientras que el domingo el que menos.
Guadalajara resultó la provincia con la mayor probabilidad de sufrir un robo en un establecimiento (163,2%), a bastante distancia de Zamora, segunda (52,34%), Ávila (46,51%), Huelva (44,63%) y Toledo (43,03%). En el lado opuesto, Albacete, con una probabilidad de -45,5%, seguida de La Rioja (-40,13%), Huesca (-39,1%), Alicante (-34,77%) y Santa Cruz de Tenerife (-33,62%).
Respecto a la cuantía perdida, en 2020, el botín resultó mayor en aquellos municipios con una población de entre 5.000 y 10.000 habitantes, que ascendió a los 1.450 euros. En el lado opuesto, las poblaciones de entre 250.000 y 500.000, con una gravedad de robos situada en los 1.115 euros.
Por provincias, los comercios asegurados residentes en Soria soportaron el mayor valor del hurto, que alcanzó de media los 2.286,49 euros. Detrás de Soria, Palencia (2.016,35€), Salamanca (1.849,78€), Granada (1.766,29€) y Guadalajara (1.712,08€). En el lado contrario, Albacete (596,48€), Teruel (687,50€), Islas Baleares (797,72€) y Ciudad Real (850,09€).
Guadalajara resultó la provincia con la mayor probabilidad de sufrir un robo en un establecimiento. Albacete, la que menos.
San Sebastián de los Reyes, en Madrid, se alza como la localidad que acumuló el mayor robo, un total de 10.431,98€, seguida a bastante distancia de Arona, en Santa Cruz de Tenerife, con 3.836,97€ y Valdemoro, en Madrid, con 2.670,72€. Las más afortunadas, Ciudad Real, con 217,19€, Torrent (Valencia), con 430,40€ y Algeciras (Cádiz), con 477€.
Respecto al impacto que en el negocio ocasionaron los hurtos, los comercios de Zamora sufrieron los robos más graves (769,36%), seguida de Soria (731,26%) y Salamanca (645,77%). En el lado opuesto, Navarra (-90,8%), Málaga (-88,74%) e Islas Baleares (-86,89%).
Mismos niveles en 2021
Desde la Asociación de Fabricantes y Distribuidores (AECOC), confirman este menor nivel de hurtos durante los primeros meses de la pandemia. No ha ocurrido así a lo largo de 2021, año en el que el número de robos experimentados en comercios ha aumentado un 16% por cada trimestre, recuperando a finales de año el nivel de hurtos experimentados en 2020.
Con un total de 29.659 hechos delictivos en comercios registrados hasta noviembre de 2021, la Guardia Civil calcula haber cerrado el año en torno a los 33.488 que se registraron un año antes. Una cifra, sin embargo, un 40% inferior a los más de 55.000 delitos que se cometieron en 2018 y 2019.
“Esperábamos que el levantamiento de las restricciones supusiera un gran crecimiento respecto a los datos de 2020 marcado por el confinamiento y el cierre de negocios, pero la realidad es que no se ha producido un aumento y los delitos comerciales siguen lejos de lo que sucedía antes de la pandemia”, aseguró Diego Alejandro Palomino, jefe del grupo de análisis criminal de delitos contra el patrimonio de la Guardia Civil, en el 24º Congreso AECOC de Pérdida Desconocida, celebrado en noviembre.
2021 finaliza con la misma cantidad de hurtos que en 2020, un 40% inferior a los más de 55.000 delitos cometidos en 2018 y 2019.
Por tipología de delitos, los hurtos continúan protagonizando más de la mitad de los sucesos (63%), seguido en menor medida por los robos con fuerza (33%). Los robos con violencia apenas alcanzaron el 2,8%. De estos, un tercio acaban resueltos por las fuerzas policiales, excepto los robos con violencia, que se esclarecen en la mitad de los casos.
Parte de este descenso se debe también al protocolo de denuncias in-situ aprobado en 2020 y que permite denunciar en el propio establecimiento a delincuentes identificados en el momento en que cometen un delito leve – esto es, hurto por valor inferior a 400 euros- con el objetivo de celebrar un juicio rápido.
Una de las regiones donde más se ha extendido el uso de las denuncias in-situ es el País Vasco. Según datos de la Ertzaintza, desde la puesta en marcha de este protocolo, 489 de las 2.000 denuncias por hurtos leves se han gestionado a través de una denuncia en el propio establecimiento, con una tasa de éxito del 91% a la hora de formalizar la denuncia y de un 78% en la celebración de juicios rápidos, con un 97% de condenas.
Parte del descenso se debe al protocolo de denuncias in-situ aprobado en 2020.
A pesar de este menor número de robos en Retail, todavía son cuantiosas las pérdidas que se cuantifican a causa de esta problemática. De acuerdo a los datos de AECOC, los hurtos, fraudes e ineficiencias en el comercio alcanzan un impacto de 1.800 millones de euros anuales, el equivalente a un 0,8% de las ventas totales del comercio.
Fraude en ecommerce
En sintonía con el mayor volumen de compras y compradores en internet experimentado tras la pandemia de coronavirus, crece el número de víctimas que caen en manos de los ciberdelincuentes. Según datos de ObservaCiber – adscrito al Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE)-, seis de cada diez usuarios (64,6%) ha sufrido alguna situación de fraude durante el primer semestre de 2021, una cifra ligeramente inferior a lo experimentado en 2020 (65,7%).
En un tiempo en el que un 68,7% accede a banca online, un 60,9% realiza pagos por internet y un 49,6% declara comprar en ecommerce, los ciberdelincuentes siguen intentando capturar las contraseñas de los usuarios en distintas plataformas web con el objetivo de acceder a las credenciales bancarias. De ahí que, según el informe, el intento de fraude más destacado continúe siendo la invitación a webs sospechosas (59,2%). Le sigue el envío de email ofertando un servicio no solicitado (43,9%) y de productos desde páginas de comercio que pudieran ser falsas (40,6%). En un 14,2% de los casos, se intenta que los usuarios accedan a páginas web que simulan ser entidades bancarias, tiendas online o administraciones.
A pesar de que no siempre los ladrones digitales se sirven de malware para cometer la estafa, un tercio de los programas informáticos maliciosos que se utilizan para infectar dispositivos Android corresponde a intentos de fraude. Aquí, el ransomware – el cifrado y secuestro de datos- es el malware predominante, con un 28,5% de los incidentes de seguridad producidos entre los meses de enero y junio de 2021. En el caso de los ordenadores del hogar, un 11,3% de los ataques responden a fraude. La herramienta delictiva más empleada son los troyanos bancarios, con el 4,3% de los casos.
El intento de fraude más destacado es la invitación a web sospechosas. Le sigue el envío de email ofertando un servicio no solicitado.
Respecto a la cuantía del hurto online, un 62,6% corresponde a robos de menos de 100 euros. Un 21,6% ronda entre los 100 y los 400 euros. Residuales son los hurtos de 400 a 1.000 euros (9%), de 1.000 a 5.000 euros (5%) y más de 5.000 euros (1,9%).
Tras sufrir una estafa, casi la mitad de los consumidores afectados decide cambiar la contraseña o comenzar a usar un gestor de contraseñas (47,5%). Le sigue la actualización de herramientas y configuraciones de seguridad y privacidad ya instaladas (35,2%) y comenzar a realizar copias de seguridad (25,1%). Un 11,4% opta, incluso, por dejar de usar banca en línea o compras por internet.
Más seguridad vs más usabilidad
La tendencia a un mayor fraude online auspiciado por un mayor volumen de pagos en la Red no es característica única de nuestro país.
[contenido_premium]
Según el último análisis de Juniper Research, en 2021 el valor de las pérdidas asociadas a fraude en ecommerce ha aumentado un 18% respecto a 2020, pasando de los 17.500 millones de dólares hasta los 20.000 millones a nivel global.
Tras sufrir una estafa, un 11,4% de usuarios opta por dejar de usar banca online o comprar por internet.
De acuerdo con la consultora, este incremento responde a un mayor uso del ecommerce por parte de los consumidores, pero también a una menor preparación en términos de ciberseguridad de los retailers. Sobre estos últimos, los investigadores hacen referencia a las dudas que tienen algunos minoristas sobre si añadir o no una capa extra de seguridad a su comercio online, en detrimento de la usabilidad de la web.
Por países, destaca el mayor riesgo que sufren los distribuidores en China, nación con un mercado de comercio digital masivo y, sin embargo, un menor despliegue de plataformas de prevención y detección de fraude. Para 2025, será el país con la mayor tasa de pérdidas asociadas al fraude: un 40%, hasta alcanzar los 12.000 millones de dólares.
Sirvan de muestra también los datos de la firma de ciberseguridad Proofpoint, procedente de un análisis de los sistemas de seguridad de 20 grandes empresas retail en España. Tan solo en siete de ellas se ha implantado el nivel más estricto y recomendado de la directiva de Autenticación de Mensajes, Informes y Conformidad basada en Dominios (DMARC), un protocolo de autenticación del correo electrónico que previene la suplantación de dominios, detectar mensajes maliciosos y frenar posibles fraudes.
En 2021, el valor de las pérdidas asociadas a fraude en ecommerce han aumentado un 18% respecto a 2020.
Aún así, la implantación de DMARC en nuestro país es ligeramente superior en comparación con la media de los 70 principales retailers presentes en la lista Forbes Global 2000. Aquí, 21 compañías no tienen ningún registro DMARC, y solo 14 cuentan con el nivel más alto.
Confirman también la existencia de más intentos de robo de información sensible por parte de ciberdelincuentes en el último año los datos de la firma de ciberseguridad Kaspersky. Entre noviembre de 2020 y octubre de 2021, sus herramientas antivirus detectaron intentos de lanzar uno o más programas maliciosos diseñados para robar dinero de cuentas bancarias en los equipos de 429.354 usuarios – incluidos cajeros automáticos y terminales de pago-.
21 de los 70 principales retailers presentes en la lista Forbes Global 2000 no tiene ningún registro DMARC.
Con más de 13.905 variantes de troyanos cifradores y 33 nuevas familias descubiertas, estos programas atacaron a 366.256 usuarios únicos, entre ellos, 92.863 usuarios procedentes de grandes empresas y 12.699 asociados a pymes.
[/contenido_premium]
Tipos de fraude en ecommerce
[contenido_premium]

En su estudio Online payment fraud: emerging threats, segment analysis & market forecasts 2021-2025 (el fraude de pagos online: amenazas emergentes, análisis de segmento y predicciones de mercado, en español), la consultora Juniper Research expone los tipos de fraude más empleados por los ciberdelincuentes y donde los datos de identidad de los usuarios se posicionan como herramienta y objetivo para estos.
- Fraude de identidad y KYC (identidad sintética): para verificar que una transacción es segura, se suele emplear un proceso robusto de KYC/CDD (know your customer/customer due dilligence). Desde la consultora advierten que a corto plazo se pueda incrementar el uso de tecnologías deep fake que permiten confundir los procesos de KYC y lograr que los eventos fraudulentos sean más difíciles de detectar.
- Fraude silencioso: en este tipo de fraude, se toman pequeñas cantidades procedentes de miles de cuentas, de tal forma que la suma total puede ser más alta que una única estafa grande.
- Fraude limpio: transacción que pasa los sistemas de comprobación tradicionales de los vendedores y, aunque parezca legítimo, es fraudulenta. Según la consultora, este fraude es muy difícil de combatir porque no hay anomalías que detectar. “La única opción es hacer más preguntas, pero esto introduce fricción al proceso de compra”, explican.
- Reshipping: los estafadores reclutan a una persona inocente (conocida como mula) para llevar y enviar mercancía comprada con tarjetas de crédito robadas hacia ellos. Como la mula tiene una dirección de envío legítima, el vendedor no sospecha que es un fraude.
- Botnets: un botnet es una red de máquinas infectadas controladas por un estafador (el botmaster) para perpetuar una serie de crímenes. En el caso de un ecommerce, el dispositivo infectado podría usarse con información de pagos y de identidad robados, para que la transacción parezca que procede de una localización que coincide de forma razonable con la tarjeta de crédito que se usa. De esta forma, los ordenadores infectados parecen ser buenos cuando, de hecho, no lo son.
- Triangulación: permite a los estafadores robar información de tarjetas de crédito de clientes válidos, normalmente a través de subastas online, páginas de entradas o anuncios clasificados online. Un estafador publica un producto online a un precio con un gran descuento, donde es comprado por un cliente usando una tarjeta de crédito válida. El estafador usa otras credenciales de pago robadas para comprar y enviar el producto de una web legítima al cliente. Ni el vendedor ni el cliente sospechan nada, y el delincuente puede seguir robando y recogiendo otros números de tarjetas de crédito, usando el mismo esquema.
Y desde INCIBE recuerdan los fraudes online más comunes que pueden afectar a empresas y autónomos. A saber:
- Email spoofing: suplantan la identidad de una organización o persona mediante un correo de un remitente falso. Envían correos phishing (roban credenciales de acceso e información bancaria); difunden malware, como el ransomware, o intentan que los dispositivos de las víctimas formen parte de una botnet; roban información confidencial de la empresa; y realizan cualquier acción que pueda reportales un beneficio.
- Sextorsión: el ciberdelincuente chantajea a la víctima con un supuesto vídeo de contenido íntimo. Utilizan varias técnicas de ingeniería social para poner alerta a la víctima, como un plazo límite para pagar.
- Suplantación de proveedores: el ciberdelincuente suplanta a un proveedor de la empresa y solicita cambiar el número de cuenta. Suelen utilizar correos muy parecidos a los del proveedor legítimo y crean nombres de dominio muy similares al legítimo.
- Hotlinking: uso de los recursos de la web de una compañía en un sitio web fraudulento. Generalmente utilizan las imágenes para suplantar un producto y beneficiarse de su marca y reputación.
- Suplantación de marca e imagen corporativa: los ciberdelincuentes crean una copia de la web legítima. La web fraudulenta vende productos o servicios que nunca envía. Suelen utilizar nombres de dominio parecidos al legítimo para engañar a los usuarios.
- E-skimming: los ciberdelincuentes roban información bancaria y personal de los usuarios de tiendas online legítimas. Utilizan vulnerabilidades, malas configuraciones o infecciones previas para inyectar el software malicioso que roba la información.
[/contenido_premium]
Tecnologías contra el fraude online
La Inteligencia Artificial (IA) se ha posicionado como una herramienta eficaz para detectar fraudes en ecommerce. Según recuerdan desde la firma de análisis de datos Shapelets, existen programas de IA que aprenden de las transacciones del pasado que fueron fraudulentas y que quedan guardadas en la base de datos de un comercio. Gracias a esta base de datos, los ecommerce pueden construir un sistema que aprende e identifica patrones ya conocidos para detectar si una transacción es una estafa o no. Estas métricas, añaden, servirán también para predecir la probabilidad de que una nueva transacción sea fraudulenta.
[contenido_premium]
Cuando la estafa es nueva y no existen patrones previos que alerten de un fraude, la IA puede enfocarse a detectar anomalías gracias a una monitorización en tiempo real de las transacciones, que permite identificar las no habituales. Las transacciones etiquetadas como anómalas podrán ser validadas por un operador humano o bien ser bloqueadas por la herramienta, en función del grado de confianza de los algoritmos y/o del importe de las transacciones.
Los ecommerce pueden construir un sistema que, con IA, aprende e identifica patrones ya conocidos para detectar si una transacción es una estafa o no.
Los programas de seguridad que se sirven de algoritmos de inteligencia artificial también pueden resultar muy útiles para detectar los reembolsos fraudulentos o chargebacks. En este caso, la IA usaría la experiencia previa del cliente para alertar al comercio electrónico de que están ante una potencial actividad de riesgo. Además de identificar las compras realizadas con tarjetas de crédito clonadas o con información robada, gracias a que la mayoría de estas transacciones se realizan desde países donde no reside el titular.
[/contenido_premium]
Tecnologías en la tienda física
Según datos de AECOC, el perfil del hurtador en tienda física se ha mantenido estable en los últimos años. Para un 80% de compañías, se trata de un ladrón profesional – que actúa con una banda organizada o como reincidente en solitario-, y causa principal de que una mayoría de las pérdidas que se producen en los establecimientos derive de sus robos.
En un escenario donde el hurto externo es el principal motivo por el que las compañías sufren pérdidas, desde AECOC recuerdan las tecnologías que emplean los retailers para afrontar este problema.

- Etiquetas anti-hurto: es el sistema más extendido, aunque se emplea en mayor o menor medida dependiendo del sector. Según datos de la patronal de distribución, las compañías de Moda etiquetan una media del 93% de sus artículos, mientras que en Ferretería apenas se hace en el 7%. El principal criterio que utilizan las empresas para etiquetar o no una referencia es el índice de pérdida del producto, seguido del coste del mismo. Aunque la gran mayoría gestiona de forma centralizada qué artículos se etiquetan, el 30% de las empresas menciona que es decisión del responsable de tienda.
- Sistemas de videovigilancia: es la segunda tecnología más empleada por los retailers (88,46%). Las zonas más controladas por cámaras de seguridad son los interiores de los locales (96%), los accesos (80%) y puertas de emergencia (60%). El índice de pérdida se posiciona una vez más como principal motivo para instalar cámaras de seguridad. No obstante, solo un 35% de encuestados afirma tenerlas instaladas en toda su red comercial. Un 30% ya lo hace en las nuevas aperturas.
[contenido_premium]
Los minoristas encuestados por AECOC recuerdan además las limitaciones que tiene esta tecnología por las normativas asociadas a protección de datos personales. A saber, no poder compartir imágenes de reincidentes con los responsables de tienda, no poder proteger la fachada y no poder realizar el seguimiento al sospechoso en caso de hurto flagrante.
- Servicio de vigilancia: un 63% de empresas del sector Retail emplea servicios de vigilancia. El criterio para contratar vigilancia en un establecimiento es el índice de pérdida de la tienda, aunque también se tienen en cuenta los posibles incidentes violentos que hayan podido tener lugar en el establecimiento y la zona donde este esté ubicado.
Respecto a los sistemas de videovigilancia, desde Securitas Seguridad España señalan la tendencia cada vez mayor en el sector del acompañamiento remoto en procesos como la apertura de tiendas o la recepción de mercancías. Y de la videoportería IP que permite autorizar, supervisar y gestionar el acceso de empleados, visitas y proveedores de forma remota y que resulta especialmente útil, informan, para aquellas empresas que reciben mercancía fuera del horario comercial. “Una vez autorizado el acceso, se realiza un acompañamiento remoto durante el recorrido por las instalaciones supervisado en todo momento por vigilantes especializados”.
Solo un 35% de retailers encuestados afirma tener instaladas cámaras de seguridad en toda su red comercial.
La Inteligencia Artificial también se ha introducido en el espacio físico. Los avances en la analítica de vídeo posibilitan obtener información relevante para la seguridad del negocio. Desde la empresa de seguridad mencionan los sistemas de control de aforo, los mapas de calor, la gestión de colas y el distanciamiento social o la detección de aglomeraciones, merodeos y comportamientos inusuales. Tecnologías que favorecen la llamada seguridad predictiva – aquella que sirve para anticiparse a los riesgos e incidencias posibles-. Se suma el Internet de las Cosas (IoT) y la colocación de múltiples sensores en las áreas críticas del establecimiento, que complementan y refuerzan la labor del equipo de seguridad en campo y desde las centrales receptoras.

Sin olvidarse de la protección contra incendios, uno de los siniestros ocurridos en entornos comerciales más extendidos y que ha propiciado la incorporación a la plantilla de seguridad del auxiliar de autoprotección, que ayuda a prevenir posibles incendios y asiste a los bomberos cuando ocurre uno. A nivel tecnológico, en este apartado destacan los sistemas de evacuación adaptativa, que a diferencia de los estáticos, son capaces de redirigir a los ciudadanos de forma más rápida y segura hacia la ruta más adecuada en función de las circunstancias durante una emergencia.
[/contenido_premium]
Privacidad vs. videovigilancia. El problema de los datos biométricos
[contenido_premium]

Los avances en vídeo con la incorporación de algoritmos de inteligencia artificial y la mayor seguridad que ha impuesto la pandemia de coronavirus en los espacios comerciales, ha situado el debate entre instituciones públicas y empresas privadas sobre el uso o no del reconocimiento facial en los sistemas de videovigilancia.
En una tesitura complicada se halló Mercadona durante 2021, a consecuencia de un programa de reconocimiento facial que decidió instalar un año antes en 40 supermercados y que ayudaba a la compañía a evitar la entrada de personas con sentencia firme o medida cautelar de orden de alejamiento de sus empleados o establecimientos.
El pasado julio, la empresa que dirige Juan Roig se vio obligada a abonar 2,5 millones de euros a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) en concepto de sanción por lo inválido que resultaba esta tecnología. Una herramienta desarrollada por la empresa israelí AnyVision, compañía en la que había dejado de invertir Microsoft como consecuencia de los posibles impactos éticos que suscita el reconocimiento facial en cámaras de videovigilancia.
En julio, Mercadona retiró el sistema de reconocimiento facial que implantó en 40 supermercados para evitar la entrada de personas con orden de alejamiento.
Un año antes, en 2020, la AEPD ya recordaba en un informe sobre el uso de sistemas de reconocimiento facial por parte de las empresas de seguridad privada, que los datos biométricos que emplea esta tecnología son calificados por el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) como categorías especiales, al tratarse de datos “dirigidos a identificar de manera unívoca a una persona física” y su tratamiento queda prohibido. Para que sea válido, la norma requiere que exista un interés público esencial y, por tanto, se necesita una ley que justifique en qué medida y en qué supuestos el empleo de la biometría responda a esta excepción. Una norma que tal y como recordaba la AEPD no existe a día de hoy en nuestro ordenamiento jurídico.
Se necesita una ley específica que reconozca como excepcional el uso de datos biométricos en los establecimientos.
Esta postura también se traslada a los programas que ayuden a reconocer la forma de andar o la voz de los usuarios y concluye en que todos estos casos son una medida intrusiva y desproporcionada.
[/contenido_premium]
Seguridad offline y online. Caso Consum
[contenido_premium]

Consum forma parte de la lista de compañías de distribución que a raíz de la pandemia de coronavirus se han visto forzadas a adoptar nuevas medidas de seguridad en su red comercial. Además de colocar en todos los accesos a las tiendas dispensadores automatizados de gel hidroalcohólico y guantes desechables, desde la compañía recuerdan que fueron la primera cadena de supermercados en implantar el uso obligatorio de las mascarillas por parte de los clientes.
Carteles informativos recordando las medidas de seguridad sanitarias, mamparas de seguridad en las cajas de cobro, señalización horizontal en la cola de caja para respetar la distancia de seguridad – estas dos últimas, también en las secciones de corte- y protocolos de limpieza reforzados forman parte del imaginario actual de sus supermercados. Le acompañan un sistema automatizado de control de aforo, que gracias a los sensores ubicados en todos los accesos de la tienda, permite saber el número de personas que entran y salen del centro, calcular el aforo y transmitir en tiempo real dicha información a los televisores inteligentes situados en el establecimiento.
“Este sistema automatizado tiene una total fiabilidad y transparencia, ya que puede ser consultado en cualquier momento por las autoridades competentes en la propia tienda, permitiendo de la misma manera disponer de históricos de cada una de nuestras tiendas por días y franjas horarias, relacionando el aforo real que hubiera con el máximo permitido”, explican fuentes de Consum a D/A Retail.
En 2020, las ventas de la tienda online de Consum se elevaron un 58% hasta alcanzar ingresos por valor de 44,5 millones de euros. No obstante, según explican desde la cadena de supermercados regional, la seguridad de la información “es una gran prioridad desde hace varios años, independientemente del volumen de venta online que se produzca”. De hecho, la compañía cuenta con un equipo especializado en ciberseguridad dentro del departamento de Tecnología de la Información y Comunicación (TIC). Este equipo se encarga de auditar de forma periódica los sistemas y mantenerlos monitorizados para detectar de forma rápida los posibles intentos de ataque o brechas de seguridad, informan.
Consum tiene un sistema automatizado de control de aforo y un protocolo de higiene para los pedidos de su tienda online.
Sí fue nuevo el protocolo de higiene en los pedidos online que propició la crisis sanitaria. Para la preparación de los envíos, la cooperativa de distribución alimentaria desinfecta el carro donde se preparan los pedidos en tienda y las cubetas para su reparto, así como los dispositivos que se emplean para este proceso. “Para garantizar la máxima higiene de estos productos, los productos frescos de mostrador (carne, charcutería y pescadería) y frutas y verduras a granel se embolsan en el mostrador, en una bolsa de papel debidamente sellada mediante una pegatina. Esta medida se tomó para que, durante el transporte y entrega en los domicilios, los alimentos frescos tuvieran una mayor protección”.

Preguntados sobre cómo logra controlar los posibles robos o fraudes cometidos en la cadena de suministro, desde Consum explican que disponen de procesos que aseguran la trazabilidad del producto en todo su recorrido y con todos los medios de seguridad que protegen al producto en tienda. Cada año revisan y adaptan estas medidas y revisan posibles nuevas herramientas de seguridad.
En 2022, Consum invertirá en un nuevo modelo de trazabilidad de temperatura, Cool Road, para el producto de última milla, que ayude, explican, a garantizar la frescura y calidad como parte de la seguridad. Así, “dispondremos de la trazabilidad completa hasta la llegada del cliente que cerrará el proceso”.
La cooperativa cuenta con un equipo humano especializado en ciberseguridad, que audita los sistemas y los mantiene monitorizados.
En su día a día, la cadena de supermercados realiza una variedad de controles de productos. En la recepción de mercancía de proveedor, archivo en el almacén, en la preparación de los pedidos, un control de calidad por parte de nuestro personal de expediciones, control de los transportistas antes de la carga, seguimiento de los desplazamientos y control de aperturas de puertas, hoja de ruta y control por parte de la tienda en la recepción.
“Respecto a las medidas que adoptamos en las tiendas, contamos con un número importantísimo de tiendas con servicio de vigilancia, sistema de cámaras de vigilancia en el 100 % de los centros, servicio de recogida de fondos en todas las tiendas, informando mediante cartelería que nuestros trabajadores no tienen acceso al dinero. Por otro lado, las tiendas cuentan con validadoras y contadoras de billetes, para evitar posibles fraudes con falsificaciones. Los productos más susceptibles de ser hurtados están protegidos electrónicamente y, en caso de no ser desactivados en el paso por el TPV, serán detectados por los sistemas anti-hurto con los que contamos”, informan.