La operación, que está previsto concluya en a finales de junio, fortalecerá la posición de Kellogg en el segmento de aperitivos, donde ha generado un potente negocio, después de la adquisición de Keebler, hace más de una década.
La intención manifiesta del líder mundial de cereales para desayuno es labrarse una posición similar en el mercado de snacks. Sin duda, Pringles supondrá el impulso definitivo para la consecución de este objetivo.
Marca global, con presencia en más de 140 países e instalaciones en Estados Unidos, Europa y Asia, Pringles es el segundo operador del mundo en aperitivos salados, con unas ventas globales de 1.500 millones de dólares (1.523 millones de euros).
La compra, pendiente de la autorización de los reguladores, incrementará la deuda de Kellogg en cerca de 2.000 millones de dólares (1.523 millones de euros). De la misma manera, limitará su programa de recompra de activos durante dos años, reduciendo los beneficios por acción y generando unos costes de entre 160 y 180 millones de dólares (12 y 137 millones de euros).
No obstante, Pringles generará sinergias de al menos 10 millones de dólares (7,6 millones de euros) en 2012. Una cifra que, a partir de 2014, podría situarse entre los 50 y los 70 millones de dólares (38 y 57 millones de euros, respectivamente).
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